8 de noviembre de 2006

...cuánto bien puede hacer un buen profesor y....cuánto mal...un profesor pésimo



Mi dulce luna, no quiero que pasen más días sin que sepas de mí. Déjame que....hoy....hable de alguien que me ha fallado como persona y como profesional. Se trata de una profesora de inglés,...me preguntarás los por qués,....bueno....podría decir muchos,pero el principal es que está fallando a sus alumnos, sólo cuentan para ella los "alumnos estrella",...se ríe de aquellos que saben menos, no se interesa por qué un niño (que siempre ha sido correcto)...se comporta de cierta manera;...además tiene una actitud soberbia y muy chula ante cualquier sugerencia que se la pueda hacer.

De todas formas, me siento mal escribiendo cosas negativas; así que, voy a intentar...desde mi punto de vista, tanto a nivel profesional como personal, cómo pienso yo que debemos ser los profesores.

En lo interpersonal:

Deberíamos tener vocación de maestro: ayudar a nuestros "chicos" a crecer personal y profesionalmente.

Ser personas mental y profesionalmente maduras:... cálidas, honestas, abiertas; respetar a nuestros estudiantes, interesarnos por ellos y disfrutar de la interrelación profesor-estudiante.

Servir de modelo a nuestros estudiantes; en cuanto a, nuestro comportamiento como profesor y como ser humano.

En cuanto a la docencia:

Ayudar significativamente a nuestros estudiantes a alcanzar los objetivos del curso.
Preparar bien nuestras clases y hace de ellas una actividad estimulante y productiva.
Logra que los chavales se  interesen por la materia, empleando eficientemente estrategias de enseñanza-aprendizaje apropiadas a los objetivos del curso.

Evaluar a tiempo, con justicia y de acuerdo a los objetivos y contenidos del curso, estimulando el mejoramiento del aprendizaje.

En cuanto a aportaciones fuera del aula:


Prestar nuestra aportación a la creación de nuevos conocimientos, al desarrollo cultural y a la adaptación de tecnología.
Apoyar a nivel afectivo a los alumnos que lo necesiten.

Para terminar por hoy; porque,...entre otras cosas, no quiero escribir más...pues tengo la pluma muy caliente y no quisiera ser injusta...déjame que dé las gracias a todos esos profesores que se toman en serio su profesión, son generosos con los alumnos (incluso si les fallan) y hacen que sus pupilos les quieran.......Mª José, Millana, Mercedes, José Manuel, Marcelino...gracias.

....ya sabes que me gusta despedirme con un cuento;....esta vez,....se lo dedico a esa profesora de inglés que te he comentado antes, mi dulce luna, para que...se dé cuenta que está tratando con "elefantes pequeños", que se están formando;....en sus manos está que, el día de mañana, estos niños...tengan o no las cadenas simbólicas de las que trata el cuento de Bucay que aquí te dejo

El ELEFANTE ENCADENADO

J. Bucay


Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme criatura hacia despliegue de un tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de entrar al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca fijada en el suelo...

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces unido a la estaca? ¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía creía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicaron que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...

Hasta que un día en que -un terrible día para su historia- el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree que No Puede. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez. Algo que, con tanta facilidad y en otro orden de cosas, nos pasa también a los humanos. Pero tomar conciencia de este hecho, es ya el primer paso para el cambio.

1 comentario:

MARÍA dijo...

Soy profesora y tutora y aunque sólo llevo dedicada a la enseñanza 13 años los alumnos me han ido enseñando a ser lo que hoy soy. Una cosa tengo clara cuando accedo a un aula, mis alumnos ante todo son personas, después estudiantes.Podré enseñar mejor o peor mis áridas materias, pero gracias a Dios todos los días me acuesto tranquila sabiendo que he ayudado a esa persona que necesitaba de mí, que la he escuchado, que le he dado un abrazo (porque ese día era lo que necesitaba), que le he dicho lo mucho que la quiero y que confío en ella, que sabe que estoy para lo bueno y lo malo, que...
Porque quizás esté equivocada (algunos compañeros me lo echan en cara)pero ser profesor o maestro o tutor es principalmente enseñarles a valorar las pequeñas cosas de la vida, el temario viene después (para algunos terminar o no temario es la meta del año escolar).
Cada año nos enfrentamos a una nueva mudanza, nuevos alumnos, nuevos temarios, nuevo curso, nuevos compañeros; pero ante todo nos enfrentamos a una nueva ilusión, a un nuevo curso por enseñar, conocer, valorar e incluso aprender de nuestros alumnos.
Soy sincera, amo mi trabajo, me encanta la enseñanza, me encanta estar en contacto con los alumnos.
Que hay días buenos, regulares o malos, sí lo asumo, como los tenemos en nuestra vida particular. Y ahí está el encanto de la enseñanza: en vivir el día a día, en aprender siempre de lo bueno y lo malo, en valorar los pequeños detalles y los mínimos gestos . En definitiva, en ser ante todo personas y saber tratar a nuestros alumnos como son: personas con sus defectos y virtudes, con sus problemas y con sus adolescencias.
Detrás de un mal gesto o una mala mirada o un pésimo comportamiento, siempre hay un alumno reclamándonos su atención , un alumno con un problema personal.El educador que no lo vea, o no le interesa el alumnado o realmente aún le quedan muchos años por aprender cual es el valor de la enseñanza.
A veces exigimos madurez a nuestros alumnos, cuando no nos comportamos como tal nosotros; les pedimos ser ordenados, puntuales, que vistan correctamente y no nos fijamos en el mal ejemplo que nosotros estamos dando.Les pedimos que hagan sus tareas diarias, que estudien, y nosotros mismos somos los primeros que tardamos 15 dias en entregarles un examen corregido o en no prepararnos la clase un día determinado.
Puedes pedir, cuando das; puedes exigir cuando tú mismo te exiges.En definitiva, ser profesor o ser padres no es tarea fácil, no hay manuales, se aprende día a día.